En la noche del 31 de diciembre del 2019 mientras el Santo Padre Francisco realizaba su visita al pesebre instalado en la plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano y saludaba a los fieles presentes que esperaban ansiosos la llegada del Sumo Pontífice; sucedió un episodio en cuestión de segundos que paso desapercibidos para muchos pero captado y difundido por distintos medios de comunicación a nivel internacional, se trató del jalón de brazo que una feligrés de aspecto asiático le hizo al Papa y esté a su vez respondió en forma de regaño agitando su mano para soltarse.
Se entiende que la emoción que toda persona siente al estar en el Vaticano es única, pero está se exalta aún más cuando el sucesor de San Pedro lo tienes en frente y no sabes cómo reaccionar porque la emoción te bloquea.
No es la primera vez que sucede un evento como este, el Padre Antonio Spadaro director de la Civiltà Cattolica explica en un artículo publicado en el portal famigliacristiana.it que “El pontífice que reacciona enojándose con un fiel que lo tira y pide perdón frente a todos por no haber dado un buen ejemplo, me ayuda a comprender de qué está hecha la vida cristiana de cada día y cuáles son sus pequeños grandes desafíos”.
Prosigue el Padre Spadaro “Como bien sabemos, el Papa Francisco no plantea barreras entre él y los fieles. Se acerca, le da la mano, bebe al mate de la paja que le ofrecen, le acaricia. Personalmente, lo he visto tambalearse muchas veces en el camino, empujado por muchas manos, izquierda y derecha, quien intenta tocarlo realmente lo empuja. Una vez en México en 2016, sucedió lo mismo que sucedió en la Plaza de San Pedro anoche: una persona lo tiró y el Papa estaba a punto de colapsar sobre un niño discapacitado en silla de ruedas. Incluso entonces, Francisco reaccionó advirtiendo a la persona y diciendo: «¡no seas egoísta!».
También esta vez, la dama agarró la mano del Papa tirando de él para tenerla para ella, y sin soltar la bodega, incluso cuando lo había visto perder el equilibrio. Estas son actitudes que no tienen la calidad del afecto y que parecen tener el valor de un gesto casi «mágico». El Papa realmente rechaza este enfoque hacia sí mismo. Pero aquí realmente perdió la paciencia, también debido a la percepción muy humana de ser arrastrado al suelo. Si esto revela la humanidad de una persona como Francesco, que se expone y reacciona como cualquiera de nosotros hubiera hecho, en realidad lo que me sorprende es otra cosa. El papa se disculpó. Se dio cuenta de que no había dado un buen ejemplo de paciencia. El pastor debe aceptar: reproche, pero también ser paciente. Y luego pronunció algunas palabras que me impresionaron ante los muchos fieles y peregrinos que se reunieron en la Plaza de San Pedro para la habitual oración del Ángelus.
Sin atraer demasiada atención a su gesto de disculpa, dijo discretamente que la salvación «no es mágica», pero es «paciente». Y continuó: «La paciencia del amor: el amor nos hace pacientes. Muchas veces perdemos la paciencia; yo también, y me disculpo por el mal ejemplo de ayer «. El Papa que reacciona con ira y se disculpa con todos por no haber dado un buen ejemplo, me ayuda a entender de qué está hecha la vida cristiana todos los días. Y cuáles son sus pequeños grandes desafíos.










